Proporcion Aurea Phi

Proporción Aurea, Divina Proporción


Los artistas y filósofos egipcios, griegos y más tarde en el Renacimiento, en un intento por comprender la belleza del Universo, procuraron encontrar los cánones de las perfectas proporciones: medir y convertir en números el concepto de belleza. La perfección y armonia de las proporciones fascinó como idea de belleza a todas las culturas y perdura en nuestros días.

Nautilus Emperador. Paradigma de la Proporción Aurea


Fue Fray Paciolo di Borgo, monje italiano, que en 1509 enunció una fórmula matemática cuya aplicación da una constante a la que denominó número de oro, sección áurea, o divina proporción.Ya utilizada de forma empírica en la antigüedad, ésta Divina Relación se encuentra cuando el segmento menor está en la misma proporción con respecto al mayor que éste con respecto a la suma de ambos, es decir, con respecto al total. Este número equivale al 62% y es exactamente 1.618, denominado número Phi.

Leonardo Da Vinci dibujó el hombre de Vitrubio para ilustrar el libro de Fray Pacioli di Borgo “La Divina Proporción” donde pretende revelar el secreto de la belleza.Asi, el Número de Oro: PHI fue considerado una medida sagrada, la proporción más estética.

Arquitectos, pintores y escultores lo usaron en sus obras: las Pirámides, Partenón, La Alhambra o el Monasterio de San Lorenzo de el Escorial. La Naturaleza también repite el número PHI en estructuras vivientes en el ADN, virus, conchas de moluscos, frutos y flores.

Si llevamos esta proporción a una cara humana, observamos que el rostro puede ser dividido en tres partes que idealmente deben ser iguales: superior, media, e inferior, correspondiéndose con la frente, la nariz y la boca. Idealmente la oreja tiene la misma inclinación que la nariz y al mismo tiempo, oreja y nariz deben tener la misma longitud que el dedo pulgar, el espacio comprendido entre los dos ojos debe ser equivalente al tamaño del ojo, que a su vez, debe corresponderse con el tamaño de la base de la nariz.



Dada esta proporción, podemos entender que nuestra percepción de lo bello está supeditada a la armonía de las medidas, y explica que, a pesar de lo relativo del concepto de belleza, podamos considerar la existencia de algo próximo a la belleza absoluta, con una relación matemática.

Entre los rasgos físicos que determinan la elección de pareja y una característica que todos los humanos valoran a la hora de juzgar el atractivo de una persona es la simetría. Esta tiene relación con la belleza física y, según estudios recientes, con el atractivo físico y con la salud.

De estas observaciones deduce la estética un determinado número de principios, que no son reglas, sino fórmulas concretas de un ideal siempre presente pero jamás realizado de un modo definitivo. Tal es, al menos, la estética moderna.

Si bien podemos considerar que cierto grado de asimetría es normal -tanto en el cuerpo como en el rostro- existen casos de verdaderas asimetrías las cuales, en determinadas ocasiones, son causa de importantes trastornos.

La asimetría facial leve es absolutamente normal y es normal tener un lado de la cara mayor que el otro, tanto a lo ancho como en lo alto, tener una ceja más alta, un párpado más bajo, la nariz o los labios algo desviados, etc. Estas asimetrías se deben a diferencias en el crecimiento de las estructuras óseas de cada lado y, en ocasiones, a la mayor o menor expresividad de cada lado de la cara.

De todas formas, la palabra clave de la belleza es la normalidad: nos agrada lo semejante y rechazamos lo diferente.


Phi, número aúreo